U.C. es un hombre extraño, indefinible me atrevería a decir ahora que me atrevo a definirle. U.C. es un perfecto camaleón, un mago transformante de los buenos, de los de antes. Tan pronto es un gran científico, como un prestigioso modelo, un afamado actor o un genio literario.

U.C. a veces se dice desdichado y otras sin embargo es el hombre más afortunado que logró pisar los sendos caminos de la tierra. En su papel de actor de los mil rostros U.C. es un hombre carismático y un tímido jovenzuelo. Un culto ignorante. Es el verdugo de todo raciocinio.

U.C. es un colega de la soledad, aunque reafirma sus múltiples amistades imaginarias. Es un abstemio alcohólico y un racional amante de la psicología. U.C. es un encantador de serpientes desencantadas, una hermosa atracción de pasada por el país de las quimeras.

U.c. vive en un mundo de gloria nocturna sin secuelas al amanecer. Se desdice en cada instante y a veces resulta hilarante. U.c. se torna oscuro cuando alguien lo pone en entredicho y muy digno justifica las falacias de ayer…

Puede que algún día hubiese amado a U.C., puede que lo haya odiado con la fuerza de un Mefistófeles derrotado. Pero muy lejos quedaron aquellos sentimientos, tal vez anegados en sus falsas lágrimas de cartón piedra y hoy, hoy tan solo podría compadecer de él…Después de todo que ocurre cuando en la soledad de su habitación el actor abandona la función…tal vez en ese instante en el que la celebridad muere el hombre sienta la más tangible amargura…

Hoy sin amor ni odio, sin cariño ni resentimiento dedico estas palabras a U.C. el maestro de la ficción, porque en la esquina rosada de la desdicha nos hemos cruzado muchas veces y nunca echaré de menos oír de su boca un “¡Qué feliz me siento!”…Desde la distancia un adiós para siempre U.C.

Ana J.